Las 15 oraciones del reverendo Young

Neil-Young

El tipo que el 1 de abril de 2014, saltó al escenario del Dolby Theatre en Hollywood (California) armado con tres o cuatro guitarras acústicas, una armónica y un piano, sin su inseparable compañera de tantos años, Old Black, su mas querida Gibson Les Paul, no se diferencia mucho del que hace cuarenta y ocho años, en 1966, tomó un vuelo desde Toronto a Los Ángeles para enrolarse en los Buffalo Springfield.

Neil Young (1945) viste camiseta y sombrero negro, americana gris y vaqueros oscuros. Y si no fuera por las canas que pueblan sus patillas, algunas arrugas y una sospechosa dentadura, se diría que no han pasado cincuenta años y que Neil sigue siendo el mozalbete que escuchaba blues, folk y country en su Winnipeg natal. El mismo que a los once años iba camino de la escuela con su amigo Comrie Smith (1945-2009), charlando entusiasmados de lo que habían escuchado la noche anterior en la radio: Gene Vincent, Roy Orbison, Link Wray y por supuesto, Bo Diddley, el guitarrista mas influyente de la historia del rock, de Neil a los Stones pasando por Beatles y todos los demás. Una de sus primeras composiciones, Hello lonely woman, no puede negar su paternidad. http://www.youtube.com/watch?v=rCEX_Xq1b6I&feature=kp (Hello lonely woman)

En 1963 se muda a Toronto, donde forma un dúo con Comrie Smith del que se conservan pocas grabaciones. Antes, en Winnipeg, Manitoba, había formado un grupo de instituto guitarrero, The Squires. Ya empezaba a componer sus propias canciones, aunque también tocaban hits como I Wonder, de 1944, tema grabado por Aretha Franklin o Louis Armstrong. Del 64 es Sugar Mountain, la primera canción que se podría definir como puro Neil Young. Aunque desde sus primeros años escogió su camino compositor y no se ha apartado de él. http://www.youtube.com/watch?v=L86gQQBYSc4 (Sugar mountain)

Bajo los focos azules y morados del famoso auditorio, sin el glamour de alfombras rojas plagadas de modelos de alta costura y actores endiosados, Neil va desgranando su historia. Su larga historia. El es más leyenda que muchos de los que han subido a esas tablas y empuñado la dorada estatuilla del tío Oscar. Algunos no sabrán que también ha compuesto música para el cine, como para Dead man de Jim Jarmusch, o que fue nominado por la canción Philadelphia de la película homónima de Jonathan Demme. En esa ocasión el Oscar fue para su amigo Bruce Springsteen, por Streets of Philadelphia. Quizás en recuerdo de ese día, hoy su sexta canción será Philadelphia y la octava una versión de Reason to believe, de Nebraska, 1982, el disco mas personal del Boss.

El recital comienza con From Hank to Hendrix (Desde Hank hasta Hendrix), de Harvest moon, lp de 1992, una canción melodiosa y con acompañamiento de armónica: From Hank to Hendrix / I walked these streets with you / here I am with this old guitar / Doing what I am do…

http://www.youtube.com/watch?v=SQtiVaelsoY (From Hank to Hendrix)

Y del 92, salto sin red al 68. A Buffalo Springfield, su primer grupo estadounidense, donde coincidió con Stephen Stills y con quien trabajaría mas tarde en los archifamosos Crosby, Stills, Nash & Young. On the way home (De camino a casa) : Cuando el sueño se plasmó / contuve la respiración con los ojos cerrados / me desesperé como el día que intentas unos anillos de humo / y sopla el viento/ Ya no volveré hasta más adelante / si es que vuelvo / pues ya me conoces y te echo de menos ahora…

De B. Springfield pasa a su primer disco en directo, grabado con The Stray Gators como banda de acompañamiento en la gira de 1972: Time fades away, de 1973, fue un disco del que nunca se sintió muy satisfecho, hasta el punto de no dar su permiso para sacarlo en CD durante muchos años, por lo que fue ampliamente pirateado: Love in mind: Woke up this morning with love in mind / it was raining outside but my love still shined / kept me warm until my plane touched the sky…

Entre Philadelphia y Reason to believe toca Mellow my mind, de Tonight’s the night (1975), una canción sobre la nostalgia de los momentos sencillos y mágicos: Baby, mellow my mind / make me feel like a schoolboy on good time / Jugglin’ nickles and dimes / satisfied with the fish on the line / I’ve been down the road / and I’ve come back…

Antes de una versión del Changes de David Bowie, ataca Someday, una canción de despedida que seguro mas de un fan habrá escogido para que suene en su funeral: Todos hemos de volar, algún día…del disco Freedom, de 1989, disco que cuenta con una versión acustica del Keep on rockin’ in the free world, una canción nacida eléctrica y rompedora, un himno contra la marginación y la injusticia que no me resisto a compartir: Anoche vi a una mujer / con un bebé en sus brazos / bajo la luz de un callejón / cerca de un cubo de basura/ Allí tiró al niño / y se marchó para conseguir un chute / Ella odia su vida/ y lo que ha hecho de ella/ un niño mas / que nunca irá a la escuela/ que nunca se enamorará / que nunca se sentirá bien / resistiendo en el mundo libre…

Tras homenajes y recuerdos, como no, volviendo a Harvest (Cosecha, 1972), su primer gran éxito en solitario, numero uno en Billboard con el single Heart of gold. Va desgranando Harvest (canción que da título al disco y seguramente su mas famosa balada junto con Heart of gold), Old man; intercala Goin back, de Comes a time de 1978, otra canción intimista antes de A man needs a maid (quiero suponer que es una letra cargada de ironía, aunque con Neil quien sabe). Me hubiera gustado escuchar Out on the weekend, para mi la mejor canción de Harvest. Otra vez será. http://www.youtube.com/watch?v=wyruylD0BWQ Think I’ll pack it in and buy a pick-up / take it down to L.A. / find a place to call my own / and try to fix up / start a brand new day…

Para la quince ha escogido Ohio, tema de So fast, de 1974, de la superbanda Crosby, Stills, Nash & Young, una canción nacida como protesta por la masacre de la universidad de Kent, en 1970, donde un grupo de estudiantes que se manifestaban contra la invasión de Camboya fueron tiroteados por la policía, ocasionando cuatro jóvenes muertos y nueve heridos. Las democracias utilizan demasiado a menudo brutales métodos de represión: Tin soldiers and Nixon’s coming/ Were finally on our own / This summer I hear the drumming / Four dead in Ohio… http://www.youtube.com/watch?v=68g76j9VBvM (Ohio)

Southern man (After the gold rush 1970) es la siguiente. Creo que no hay casi nadie que no conozca la historia de Sureño, una canción anti racista – Vi el algodón y vi a negros / Grandes mansiones blancas y pequeñas chabolas / Sureño ¿cuando pagarán por ello? / Escuché gritos y látigos chasqueando / ¿Por cuanto tiempo?- a la que contestaron Lynyrd Skynyrd en su conocida Sweet home Alabama -Oí al señor Young cantando sobre ella / oí al viejo Neil admirándola / espero que Neil Young recuerde / que un Sureño no lo necesita- , estableciendo una disputa musical e ideológica que dio mucho que hablar. De todos modos, Southern man no es una canción memorable.

Mr. Soul, de Buffalo Springfield Again 1967, muy californiana, ácida, que podría firmar cualquier grupo de la costa oeste como Jefferson Airplane o Grateful dead, un rock psicodélico. En aquellos tiempos Neil era un hippie de melena lisa, ataviado con ponchos, collares indios y pañuelos de colores. Y una afición por el consumo de sustancias como la maría, la cocaína o el lsd que le ocasionó algunos encontronazos con la ley.

Un recuerdo al patrón del country, el gran Johnny Cash, con su If you could read my mind.

Sentado al piano, va desgranando las notas de Harvest moon, la balada que da título al lp de 1992, continua con After the gold rush (Después de la fiebre del oro 1970), otro de su grandes éxitos: Estaba rendido en un sótano ruinoso / con la luna llena en los ojos / Estaba esperando el relevo / cuando el sol estalló en el cielo / Había una banda tocando en mi cabeza / Y tuve ganas de colocarme…http://www.youtube.com/watch?v=1e3m_T-NMOs (After the gold rush)

Heart of gold, para no decepcionar a la parroquia que gusta de hits y de lo mas comercial, da paso a Trasher, ( Rust never sleeps 1979) un broche majestuoso para un concierto que ha recorrido cincuenta años de música norteamericana. Rust never sleeps (El óxido nunca duerme) un título que parece sacado del escaparate de una ferretería o de un anuncio de pintura de minio, es un disco mayormente duro y rockero, guitarrero, -grabado durante su época con los Crazy Horse, con los que ha vuelto a grabar en 2012 Americana, un disco de versiones folk- con temazos que rozan el rock duro como Powderfinger http://www.youtube.com/watch?v=9nTthuudYDY o Hey Hey, My My y en el que Trasher ofrece un remanso de paz, tocado en solitario por Neil con armónica y guitarra acustica. Una canción de las que erizan el vello, un poema sobre la inocencia corrompida y los amigos que se fueron extraviando y se dejaron caer en las cunetas durante el viaje. Perfecto para salir del concierto levitando y con el alma en vilo, a punto de soltar unas lágrimas por la juventud perdida y reencontrada durante un par de horas. Gracias Neil.

Trasher (Rust never sleeps 1979) Crazy Horse: Estaban ocultos tras fardos de heno / estaban sembrados en la luna llena / habían dado todo lo que tenían por algo nuevo / pero la luz del día caía sobre ellos / pudieron ver las trilladoras llegando / Y el agua brillaba como diamantes en el rocío…

PD: No puedo terminar sin dar las mas efusivas gracias a la pagina web enlaplayadeneil.blogspot.com.es , un sitio único en el mundo para los admiradores de Neil Young, con las letras de casi 500 canciones en ingles y castellano.

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10 canciones (más una) para un ingenuo anarquista

Get back The Beatles 1969. A los doce años pasábamos gran cantidad de nuestro tiempo libre en las salas de juegos. Empezaban a llamarse así, y aunque aun resistía la denominación de billares porque solía haber al menos una mesa, casi todo eran máquinas del millón. Cuando llegó Get Back a la máquina de discos -ni gramola ni jukebox- de Los Electrónicos, un local espacioso y con el suelo de linóleo que había sido sala de baile, me impactó. No me cansaba de escucharla una y otra vez golpeando con el pie en el suelo y meneando mi incipiente melena. En el catálogo sobresalía la discografía de Victor Manuel, también Nuestro pequeño mundo, Aguaviva, Camilo Sesto, cosas así.

Maggie May Rod Stewart 1971 Dos años mas tarde, con catorce, ya frecuentábamos algunos bares. Por supuesto podías beber y fumar lo que quisieras, a treinta y cinco pesetas el cubalibre y a seis la cajetilla de Celtas. En Los Faroles, un bar con el meadero y un apartado para parejas atrayente y algo perturbador en él sótano, también tenían maquina de discos, un duro dos canciones. El camarero, Jose, era un tipo simpático, pequeñín, cabezón y con unas gafas de Rompetechos que minimizaban sus ojos tanto que no distinguías si los tenía abiertos o cerrados. Maggie May era de lo mejor que podías oír, pero también se escuchaba Lone Star o Nino Bravo.

Je t’aime, moi non plus. Jane Birkin & Serge Gainsborough. 1969. La canción más sensual de la historia. En la discoteca “El Columpio” la pinchaban siempre. Si conseguías una pareja de baile cuando empezaba lo “lento”, rezabas para que el disc-jockey pusiera Je t’aime. Uno iba arrimándose poco a poco para acabar con la cara a cuarenta grados y las orejas como pimientos morrones. Claro que era fácil calentarse entonces. La motivación de que disponíamos para darnos un auto-homenaje era, en el mejor de los casos, un calendario de bolsillo con una chica en bikini o en camisón. En aquellos tiempos triunfaban la imaginación y los parques. Si me pedís una recomendación, para hacer el amor Leonardo Cohen está muy bien; para echar un polvo vale lo mismo AC/DC que Madonna.

Sweet Virginia (Exile on main street 1972) The Rolling Stones. Suenan las primeras notas con la guitarra acustica de Richards y la armónica de Jagger e inmediatamente te transportan a un tugurio lleno de humo, con la música mezclada con el murmullo del público. Keith tocando sentado en un taburete, el sempiterno pitillo colgando de sus labios, Mick maquillado de fiesta apoyando la mano en la cadera. Cualquiera pensaría en un disco en directo grabado en un antro del Village o en cualquier pub de Londres, sin embargo fue en un estudio improvisado en una mansión de la riviera francesa. Puedes oler la marihuana, y cuando aparecen los coros, son un grupo de colegas celebrando un cumpleaños a la una de la mañana, colocados como cabras cafeteras, sin responsabilidades, sin miedo al futuro, puro hedonismo y diversión. Contagiosa, además. Si cierras los ojos puedes imaginarte allí mismo, cerveza en mano. A veces la pongo, saco el kazoo del cajón y soplo a dúo con el saxo de Bobby Keys.

Powderfinger Neil Young (Rust never sleeps 1979) H. y yo eramos amigos, paisanos y compañeros de trabajo. A veces nos tocaba guardia juntos, íbamos en su coche o en el mío. En mi Opel Corsa 5 puertas solía sonar siempre el Exile on Main Street. H., empeñado en levantarmelo, me ofrecía cambiarlo por alguno de su casetes. Un día consiguió convencerme, pese a que sabía que no lo volvería a ver y a cambio cogí el Rust Never Sleeps que tenía tirado en la guantera de su Renault 12 . Nada más escuchar el guitarrazo de entrada y la primera estrofa supe que me había enamorado para siempre de esta canción. H., gran tipo y desprendido aunque no devolviera los préstamos, nos abandonó demasiado joven, consumido por un cáncer de estómago. Una gran parte de la vida son el recuerdo de aquellos que vamos dejando por el camino.

The end The Doors (The Doors 1967). Si has tomado un ácido de buena calidad, la música no entra solo por los oídos; te embiste, te golpea en el estómago, circula alrededor de tu cerebro haciéndose visible. Puede crear una vía láctea psicodélica delante de tus ojos. Y The End tiene un ritmo hipnótico, sincopado, propio para la inmersión. Me había comido media pirámide marrón y las palabras como sentencias de un poema épico de Jim envueltas en el órgano de Ray Manzarek, cascabeles y campanillas al fondo, era una invitación a acurrucarte en la oscuridad. De pronto arañas negras invadieron las paredes, empecé a flotar y desde la cornisa del cine de enfrente creí verme ahí, sentado en el suelo. Realmente parecía El Fin, pero todo lo que sube baja y quien no ha tenido un mal viaje. Pregúntenle al capitán Willard.

Heroin Velvet Underground 1967 . Lou canta: No se adonde voy/ pero voy a intentar alcanzar el reino/ si puedo… En los setenta, la heroína todavía era una sustancia con glamour para connaiseurs, para los que estaban en el ajo. No se vendía en chabolas del extrarradio, si no en pubs y cafeterías de mesas de mármol en las zonas viejas de las ciudades, en buhardillas del centro. Hacia el setenta y ocho unas cuantas parejas viajaron a Bangkok de luna de miel y de souvenir se trajeron caballo. Puro blanco tailandés. Una vez cortado, el polvo esponjoso corrió por los ambientes del rollo como una bola de opio que rueda alrededor del mundo (W. S. Burroughs). Entonces nos creíamos los tipos mas enrollados de la ciudad, algo así como sumos sacerdotes de un rito arcano y secreto, oficiado con cuchara de plata y jeringa de cristal. Flotando por encima de las vidas burguesas y simples de los demás. No duró mucho tiempo, pronto se convirtió en algo sórdido y tan peligroso como la ruleta rusa.

Anarchy in the UK. Sex Pistols (Never mind the bollocks 1977). Acababa de palmar Franco y empujábamos para entrar de una jodida vez en la modernidad. La política era tan popular como el fútbol, de ahí la sopa de letras de la Santa Transición. Troskos, maoístas, socialistas, marxistas revolucionarios, una indigesta papilla de siglas: LCR, MC, PRT, ORT, PCE, PCPE, JC…Unos pocos nunca comulgamos con la dictadura del proletariado, sospechando que no era muy distinta de una militar ni de una tecnocrática. Fundamos el GAD (Grupo Anarquista Durruti), y nos “jugamos el tipo” pintando con sprays Libertad sindical, imprimiendo panfletos en una vietnamita en el local de la CNT/FAI y fabricando pegatinas con cinta adhesiva. Se cuentan muchas batallitas de aquellos tiempos, pero la realidad es mas prosaica; íbamos tan cagados que casi siempre distribuíamos los folletos por el extrarradio y acababan en cunetas por las que no pasaba nadie. Nada heroico. Cuando salió el disco de Sex Pistols en el 77, vistas las componendas del régimen con sus presuntos opositores, ya intuíamos que no se puede cambiar el mundo, así que el nihilismo era un lugar confortable en el que sobrevivir. Y lo sigue siendo. I am an anti-christ, I am an anarchist…

Bob Dylan – Billy (BSO Pat Garrett y Billy the kid. 1973) Cuando salió la película yo ya era dylanita. Algunos amigos me cuestionaban el gusto; pero si canta como un gangoso resfriado, decían. Ellos eran más de los Módulos. Verle actuando en la película de Peckinpah en el papel de Alias, un tipo lacónico y diestro con el cuchillo, con su barba de chivo y su chistera con pluma y firmando además una de las mas certeras bandas sonoras de siempre me confirmó que era un genio inimitable, genuino. “Knockin’n the heaven’s door” saltó de la pantalla al Olimpo de la musica popular, haciéndose eterna en miles de versiones. Sin embargo la balada que atraviesa todo el filme contando la leyenda de Billy el Niño como una crónica al estilo de los viejos cantares de ciego es muy elocuente, quizás algo idealizada:Hay pistoleros apuntándote al otro lado del río / agentes de la ley persiguiéndote, quieren capturarte / a los cazarrecompensas tambien les gustaria apresarte / Billy, no soportan que seas tan libre”…

Los delincuentes. Veneno 1977 Lo primero sorprendente fue la portada, con aquel ladrillo de hash de Ketama etiquetado como Veneno. Lo segundo, por fin alguien escribía letras en castellano que no eran de amor ni lineales, tenían un punto de surrealismo y un trasfondo cómico, de gente que disfrutaba del sol, de los porros y los ácidos. Andaluces, pero sin la grandilocuencia de Triana ni la densidad del cante jondo. Hoy, treinta y siete años después sigo sabiendo la letra entera de esos “delincuentes que a veces comen en frío y otras en caliente, roban todos los días dos coches, uno por la mañana y otra por la noche…”

The Weight The Band (Music from big Pink 1968) Easy Rider, Carmen y el demonio paseando juntos, Harley-Davidson, viaje iniciático, Jack Kerouac con vehículo propio. Dennis Hopper, Peter Fonda, Jack Nicholson, el cementerio criollo de New Orleans…No hay mucho más que decir salvo que es la mejor canción de todos los tiempos. Y si no lo crees, escuchala.

Cultura popular en los Nobel

Se me ha adelantado todo el mundo a comentar lo de Dylan y el Nobel. ¿Irá a recogerlo? A por el Príncipe de Asturias no vino. A mi me da igual el premio y nunca me he guiado por él para mis lecturas, al contrario, suelo huir de las estanterías de los Nobel. Pero me hace ilusión que en cierto modo este sea un reconocimiento a toda la literatura beat, a la contracultura, que con él se desagravia a Kerouac, a Gingsberg, a Corso, a Ferlinghetti, que aun vive, y al resto de poetas y prosistas beat incluido William S. Burroughs.

Su libro de poemas Tarantula, claramente escrito bajo la influencia de drogas ilegales, torrencial y embarullado como es el cerebro estimulado con anfetamina, o sus canciones río, letanías surrealistas por las que navegan todo tipo de personajes del pasado, del presente y del futuro son un compendio de la cultura y los mitos populares, tan alejados de los cánones y de la aristocracia del papel, de los poetas relamidos que se aprenden de memoria a Cavafis y lo recitan engoladamente para deleite de marquesas y editores en aburridos saraos culturales a los que Bob no asistiría ni bajo amenaza de muerte y en el que ni él ni nosotros aguantaríamos cinco minutos sin bostezar airadamente. Larga vida a la cultura popular.
Me preguntas “¿qué se siente al ser un ídolo?”
sería estúpido por mi parte responder, ¿no…?

http://www.goddylan.com/Letra_LilyRosemaryandtheJackofHearts.htm