El otro Johnny Thunders. Diario de la bestia

«Esa es la idea. No nos movamos de la idea. La idea como un ancla, como el collar de una bestia, sin olvidar nunca que la bestia eres tu y no el collar. La puta idea».
 
        Yo fui Johnny Thunders, de Carlos Zanón. RBA Serie negra.

Contaba Willy DeVille que en abril de 1991, cuando Johnny Thunders llegó a New Orleans, se instaló en la habitación 37 del St. Peter’s House, un típico hotel colonial en pleno centro y le dio un toque al teléfono. Hablaron de drogas, de heroína, como no. Willy informó a Johnny de que no había buen material para comprar en la ciudad y que los yonquis subsistían a base de metadona. Le advirtió de que no buscara, que le timarían o envenenarían. A la mañana siguiente, Johnny apareció muerto en su cuarto de hotel y esa misma tarde era elevado al cielo de los malditos del rock and roll sumándose a la legión de leyendas muertas por sobredosis. Aunque nunca se supo muy bien como ni de que murió, la autopsia reveló que padecía una avanzada leucemia y no le quedaban muchos días de vida, puede que un par de meses.
Yo fui Johnny Thunders - Carlos Zanón  Yo fui Johnny Thunders, de Carlos Zanón, narra la vuelta a casa de Mr. Frankie, un guitarrista de mala estrella, un johnny thunders sin su mística, sin luces doradas de neón iluminando el asfalto con su nombre; el regreso del hijo prodigo al barrio obrero de Barcelona, a un piso de sesenta metros cuadrados en el que los desagradables olores de verduras cociendo se mezclan en los rellanos produciendo arcadas y en el que vegeta su padre, un viejo comunista derrotado de todas las batallas. Mr. Frankie es un pobre diablo que en algún momento acarició la gloria, pero sin llegar a saborearla. Y que toda su vida no ha hecho mas que cagarla, inasequible al desaliento. ¿Para que ha vuelto? En teoría para ver a sus dos hijos, saldar las deudas de la custodia con la madre de estos, conseguir un trabajo, quizás reinventarse a sus casi cincuenta tacos ¿por que no? Ahora que lleva unos meses limpio se siente capaz. Pero nada de eso ocurrirá, esos planes están solo en su cabeza.
Vencido por el peso de su propia miseria, se sube al viejo coche de su padre y emprende una alocada carrera en pos de la nada. Intentando mantenerse en pie pero cayendo cada vez mas abajo. Espoleado por su banda sonora, Debaser de Pixies y Just your friends de Mink DeVille, quiere morder de nuevo, pero los dientes que le quedan andan flojos, aunque algo de la vieja prestancia del tipo que un día fue mito en su calle permanezca.


Hay toques de humor negro, negrísimo, muertos accidentales que caen sin motivo, porque si, ayudados a pasar al otro lado por un Raskolnikov sin arrepentimiento y sin botín. Una prosa afilada, frases cortas que explotan como flashes y un pensamiento cada vez mas demente y acelerado te van atrapando y te impiden dejar esta novela en la que mas que intuirse, se adivina el final. Pero cuidado, no siempre se acierta.

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En la luna

El País, el periódico, me avisó de que esta noche –la de ayer– iba a haber una superluna que ellos retransmitirían en directo. Entro en su página y veo que hay cientos de comentarios. Solo ver tal cantidad de mensajes suele echarme para atrás, pero hoy despertaron mi curiosidad así que entré a echar un vistazo. Lo que vi me hizo frotarme los ojos, en la Grecia clásica un augur se los hubiera arrancado para no ver nunca más. Aldous Huxley, George Orwell, ni en vuestros sueños más perturbados hubierais imaginado este futuro. Copio y pego tal cual, andan todos peleados con la gramática y la ortografía. La luna da para mucho.
Están los/as SUPERSTICIOSOS y creyentes del ocultismo y las teorías de los antiguos astronautas que tanto gustan en el canal de historia:
Amigos la luna es un filtro de luz fotón,recibanla con conciencia.luz fotón ciclón
la luna es una base , de reflejo,hacia otras galaxias,en un reino muy lejano.240.000.000.000. De la luna,salen hasta mercurio.y de ahí salen de la vía láctea.
Está trayendo energías nuevas al planeta mundo.no se ven pero si se reciben.
En la luna llegan naves, nodriza
DISCONFORMES y DESCONFIADOS: Aquí ya se vio y no lo transmitió nadie. Asco de medios.
Sin una referencia física es una foto más de la luna (con zoom)
Es un decorado, la tierra es plana.
Lo que nos quiera contar la NASA
MUSICALES: Ground control to Major Tom…
La luna se estaba peinando en el los espejos del río
POETICOS: La luna vino a la fragua con su polizón (sic) de nardos…
Luna lunera echa plata en mi cartera!!! son fraces (sic) de un libro
CRÍPTICOS o INDESCIFRABLES: espero q no se vea en japon… porq los sayayines se transforman.
Estamos con sol y luna llena y con eclipse es experta culpar me preocupa
el miedo es lo que más acepta las cosas y es bueno sentirlo Aunque esta vez no es miedo es confianza en lo que creo
SALUDADORES: Desde España Galicia Padrón A Coruña un saludo para la luna
Luna , besa a mis nietas en mi nombre y cuando regreses , bésame a mi ! Están allá en EEUU
Desde la ciudad de la plata!!!
IRRITABLES: Que se esperen no todo debe ser a la hora que ustedes quieran
Para decir fake, tienes que taparte la cara. Si no te gusta buscate otra pagina.
EVANGELICOS: “Yo os daré señales en el cielo…”: Jesucristo El arte de Dios Unas de las ultimas señal es del Señor
MAGIA: Pasarse sal por el. Cuerpo después de ducharte te quita todo.lo negativo, por el cerebro, pechos, abdomen, interior, espalda, las piernas, los pies.. después enjuagarse con agua
Creo que os haceis una idea. Hay más, los discutidores natos, los reñidores, los que pasaban por ahí y tienen que dejar su cagadita o no son felices,y por supuesto los positivistas: Hermoso, que derrame bendiciones.

Infierno helador (Trapped)

A la ensenada de un pueblo pesquero islandés llega el ferry de Copenhague. Es febrero y la temperatura oscila entre los cero y los diez grados bajo cero. Las horas de sol en invierno son pocas. En realidad ninguna, hay unas cuatro horas de luz mortecina y el resto es un atardecer deprimente y una noche gélida. No hay rastro de arboles, ni de arbustos, ni de macetas con geranios, lo único que crece en Seyoisfjörour son sabañones y alguna planta de marihuana cultivada a la luz de un flexo en un armario.

En esa naturaleza indómita en la que el sol es ese astro que dicen que está ahí pero no asoma, solo se adivina tras la niebla y las nubes, se levanta una ventisca de nieve que deja a los lugareños aislados y casi paralizados el mismo día que aparece un cadáver flotando en la bahía.

Un cadáver que estalla como una bomba de racimo, desatando una hecatombe al despertar viejos sucesos dormidos pero no cicatrizados que implican a las fuerzas vivas del pueblo. Y para desentrañar tanta maquinación perversa no hay laboratorios con probetas ni microscopìos ni pruebas de ADN ni genios deductivos. Tampoco demasiados sospechosos. Para resolver los crímenes de esta aldea están tres policías locales que suelen emplear su tiempo en rescatar coches atrapados en la nieve o en acompañar a los borrachos desde el bar a sus casas. Andri, el jefe, un gigantón divorciado que duerme en el sofá de sus suegros; Hinrika, una policía analítica de mediana edad sin hijos y Ásgeir, el carcelero, que pasa el tiempo en el cuartelillo resolviendo problemas de ajedrez en el ordenador.

De un modo sibilino, inapreciable, el ambiente opresivo de esa ciudad donde no hay nada que hacer más que pasar horas y horas metido en casa o bebiendo en el bar te va atrapando hasta que te sientes igual de triste que ellos, atrapado en una claustrofobia agobiante. No hay gente feliz, no hay risas, no hay música, hasta los niños parecen desalentados, crueles en su inocencia.

Viendo transcurrir la vida bajo techo en ese lugar de nombre impronunciable, uno se pregunta quien diablos tuvo la idea de establecerse ahí y se entienden mejor las tasas de suicidio en los países nórdicos, aunque Islandia no esté a la cabeza del ranking, con unos veinticinco al año para una población de trescientos mil habitantes. España, por ejemplo, mantiene una media de dieciséis para cuarenta y siete millones. La diferencia es abrumadora. El dato más trágico es el de Groenlandia. En el año 2011 hubo ciento sesenta y dos suicidios consumados en sesenta mil residentes. Da escalofríos pensar que en una ciudad como Avilés se quitara la vida una persona cada dos días. Sería terrorífico.

Tras diez capítulos trepidantes, la tormenta se disipa, el cementerio de esa esquina del mundo en la que no se usan las vocales luce alguna cruz más y los lugareños vuelven a su melancolía y a sus quehaceres entre el hielo. Y uno respira hondo y exhala el aliento para cerciorarse de que aquí cuando nos quejamos del frío no sabemos de lo que hablamos.

¿Qué fue de Tonino Pettola?

Por Carlos Hevia

A Tonino Pettola no se le ocurrió otra cosa que anunciar el nacimiento de una nueva iglesia en la TV. Pettola, el viejo pastor, sí obraba milagros. Porque a Pettola, sucio y pobre como un guijarro, sí se le aparecía la virgen María y todos los días curaba enfermos, ante la mirada iluminada de cientos de peregrinos. Cómo osaba el viejo Pettola desafiar al joven  Papa Pio XIII en la televisión, a ese Papa que había descompuesto la curia romana, que había cuestionado la fe de todos los creyentes, que había renunciado a mostrar su imagen en el balcón de San Pedro ante miles de feligreses, que los había condenado a penar su culpa original hasta que revelaran su verdadera fe por Dios, él, bello e inmaculado como un ángel, que sí había sentido la santidad, curando  las heridas de los enfermos con sus oraciones y resucitado a los muertos con la  suave yema de sus dedos y, sin embargo, ya…

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No llores, mi querida, si Dylan no canta español

Por Carlos Hevia

El nueve de mayo de 1974, un puñado de cantautores congregados por Phil Ochs rendían un homenaje a la figura de Salvador Allende en Nueva York. En el escenario coincidieron Pete Seeger, Arlo Guthrie, Dave Van Ronk, Melanie y Bob Dylan. Sí, Robert “Judas” Zimmerman, el gruñón que había apostatado de la canción protesta, el traidor, volvía al redil, y actuaba para los antiamericanos comunistas, para los apóstoles de la igualdad social, los profesores de universidad barbudos y las chicas cristianas de clase alta con mala conciencia de los que había abjurado. Y el público había llenado el Felt Forum del Madison Square Garden para examinarle y comprobar su grado de arrepentimiento.

¿Como convenció Phil Ochs a Dylan para participar en un concierto tan marcadamente político? Influyeron diversos factores. El primero, que Dylan acababa de romper con Sara, su mujer y madre de sus tres…

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El sordomudo elocuente

 

Leí La Maldición gitana de un tirón. Excepto el final. Según me acercaba al desenlace sospechaba que iba a acabar mal y quería postergarlo, tardar un poco más en enfrentarme a la tragedia presentida. La dejé reposar veinticuatro horas antes de atacar el ultimo capítulo.
No son muchas las veces en que una novela te agarra por la pechera, te hace un nudo, te inmoviliza y no te deja respirar hasta conocer el desenlace. Eso ocurre con La maldición gitana de Harry Crews, solo que llegado el final el lector intuye lo que se avecina, por las pistas que Harry ha ido dejando aquí y allá en el relato. Y el lector (yo) querría que la novela durase más, has ido entendiendo como es Marvin Molar, el sordomudo al que se le entiende todo lo que dice y también lo que calla. Le has cogido cariño porque tiene que ser jodido nacer con dos colgajos como piernas, crecer abandonado por tus padres a la puerta de un gimnasio y así y todo encontrar motivos para sonreír y seguir adelante. Por eso te gustaría que su escritor se apiadara de él, le concediera más paginas, mas disfrute, más alegrías, aunque en el fondo reconoces que una historia tiene el recorrido que debe tener, el justo, ni una pagina de más y ahí Crews se revela un maestro. Con una prosa limpia, sincera, sin alharacas ni metáforas rebuscadas, te va llevando de la mano por el carrusel de emociones de sus protagonistas. Como el maestro de ceremonias de un circo ambulante. Y querrías un par de vueltas más en su tiovivo. La comparación es pertinente porque hay momentos en que recuerda a Freaks, la película de Tod Browning, que también narra una historia de amor y convivencia entre seres “normales” –que tienen una altura estándar, dos brazos, dos piernas y una cabeza– y “anormales”.
La traducción de Javier Lucini y la edición de Dirty Works son magníficas, trabajo de artesanía. Quizás, por poner algún pero, Harry se esfuerza un poco más de lo debido en vendernos para una futura adopción a esos seres defectuosos que pueblan el gimnasio de Al. En contraposición a los personajes que viven fuera, los zumbados que viven dentro resultan lineales, claro que no son tipos precisamente maquiavélicos un viejo forzudo, dos boxeadores sonados y un equilibrista sin piernas.
También hay momentos en que a Harry le da el ataque de escritor, como en el siguiente párrafo: La frase de esta semana era esta: ENTRA Y MANTEN TU FE ALZADA, que me pareció bastante lamentable y me da que era fruto de malos hábitos de lectura, de leer a los Wallace del mundo: Irving Wallace, Wallace Irving y Wallace Wallace.
Si tenía alguna cuenta que ajustar con esos autores, quizás debería haber buscado un campo neutral para defender su crítica, no esta novela, pero solo es mi opinión, acepto otras.
No había leído a Crews antes, así que ha sido un agradable descubrimiento.