Je me souviens

     Me acuerdo de la leche en polvo caliente de media mañana en el Liceo, y de la regla de madera de Don Enrique, aún me resqueman los dedos.   

     Me acuerdo de un Renault rojo a pilas, del Mecano con el que nunca construí nada, del Cheminova con el que fabriqué pólvora y del fuerte Apache en el que guerreé contra los indios sin perder nunca.

     Recuerdo cuando papá me sorprendió desnudo en la cama con A. J. Ahora ya solo me acuerdo yo, ella se ha muerto.

     Recuerdo la primera película que vi en el cine: Los cañones de Navarone. El resto de la tarde fabulamos historias de batallas y héroes.

     Me acuerdo del olor dulzón y mareante de los cigarrillos portugueses, tres por una peseta en el kiosco de la señora de la liga al lado del cine Novedades.

     Me acuerdo de los domingos de invierno, los calamares a la romana y las aceitunas rellenas en el bar Madrid y la una con cincuenta que costaba el Pulgarcito y que para cuando llegaba a casa, ya lo había leído entero.

     Me acuerdo del parque donde J.; M. y yo nos hicimos el mismo tatuaje, rito de paso de tres chiquillos aventureros. El sueño terminó cuando tiempo después, F. apareció ahorcado en el tobogán y luego también se colgó J.  M. buscaba comida podrida en los cubos de la basura antes de desaparecer

     Recuerdo el día que decidí saltar a través de aquella ventana abierta, y allí afuera la gente se había convertido en amenazadores lagartos y cocodrilos y la melodía de las atracciones de feria era un chirrido espantoso y el sol quería atraparme para siempre.

     Me acuerdo de los domingos de verano, la piel embadurnada de Nivea, la ensaladilla rusa y los filetes empanados, los labios morados tras varias horas de remojo en el Cantábrico.

     Recuerdo esperar al cartero ansioso por recibir una de aquellas cartas perfumadas de G.

     Me acuerdo de las botas dos tallas grandes y de los sabañones en las orejas y la glicerina para las manos agrietadas.